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Guillermo Sohrens: El último lonco


 

Guillermo Söhrens completó las especialidades de Guiones y Cine en la universidad UNIACC y es uno de los gestores de El Último Lonco, un largometraje de ficción que pertenece a Salmón Cine.

“El Último Lonco” es la primera película ambientada en el universo de la Lucha Libre en Chile, un mundo en el cual no hay estrellas famosas ni multimillonarias federaciones. Hombres comunes y corrientes entrenan todas las semanas para poder mostrar sus habilidades en los eventos de lucha, con el solo fin de recibir lo que ellos más aprecian, un aplauso.

   

¿Cómo nace el proyecto?

El proyecto nació desde un documental fallido que intenté hacer el 2011 junto a otras personas. El documental buscaba introducirse en la lucha libre chilena, pero no pudo concretarse por falta de recursos. Sin embargo, eso sirvió para generar lazos y entender este mundo que para muchos es desconocido. Años más tarde, el 2013, junto a Javier Muñoz (guionista) y Sebastián Soto (productor), nos encontramos trabajando en un proyecto similar junto a otra agrupación de luchadores. A medida que íbamos compartiendo más con luchadores y entendiendo como su vida gira en torno a la lucha libre, decidimos que esto era algo que había que contar en una película. Así es como de un momento a otro teníamos la necesidad de contar la historia ficticia de “El Último Lonco”.

Cuéntanos la sinopsis

Ramón, un conserje que practica lucha libre, con un estricto código moral, ve en peligro su carrera con la llegada de David, un ambicioso joven que hará lo que sea para necesario convertirse en luchador profesional. Al darse cuenta que la única forma de continuar luchando es rompiendo su código moral, Ramón comenzará a ser consumido por su propio personaje enmascarado, “El Último Lonco”, hasta desatar la bestia al interior de él.

Y ahora que conocemos la sinopsis, ¿sobre qué trata?

El Último Lonco es una película de varias capas. La historia habla sobre un hombre común al que la sociedad obliga a autodestruirse a medida que lo aleja de lo único que lo apasiona. Ramón es un tipo correcto, pero poco a poco se da cuenta que la sociedad en la que vivimos no tiene cabida para personas así. A medida que avanza la película, metafóricamente se toca la problemática mapuche, y como la sociedad ha entrampado a una cultura víctima de la impotencia al ver que el mundo moderno los desplaza de sus costumbres.

   

Personalmente, ¿qué fue lo que te llevó a dirigir una historia como ésta?

Cuando pequeño era fanático de la lucha libre, y me vi muy interesado en contar una historia relacionada con esto al ver que había gente en Chile que hasta el día de hoy sigue practicando este deporte. La construcción de “El Último Lonco” tuvo mucho que ver con la idea de hacer una película simple, y que pudiera ser contada desde nuestras experiencias e investigaciones del tema. Es así como sin grandes pretensiones intelectuales generamos una historia fácil de ver pero con un contenido profundo.

¿Cuáles consideras que son las influencias más importantes en las que te inspiras a la hora de desarrollar el guión?

La base estructural del guion tiene mucho que ver con lo que aprendimos compartiendo con luchadores que se dedican a hacer espectáculos todos los fin de semanas. Fue muy fácil inspirarse en la realidad, ya que la cantidad de historias que se pueden contar en este universo dramático es infinita. Narrativamente, junto con Javier Muñoz y Sebastián Soto tomamos mucho en cuenta el trabajo de Darren Aronofsky, no precisamente por “The Wrestler”, película de una temática similar, sino por la forma en la que trata las obsesiones y la autodestrucción de sus personajes. Al crear las escenas nos fuimos inspirando en autores que van desde Satoshi Kon hasta Vince Gilligan.

¿Cuáles fueron los principales apoyos a la hora de producirla?

El principal apoyo fue el gran equipo que tuvimos. Una vez que tuvimos el guion en mano y un plan para grabar en pocos días, fuimos a buscar s un equipo que creyera en este proyecto casi sin recibir nada a cambio, y así fue como conseguimos incluir a un elenco de tremendos actores y un equipo técnico de primer nivel. El apoyo de Chile Lucha Libre también fue vital, ya que nos brindaron un apoyo logístico difícil de cuantificar desde el desarrollo del proyecto. También estuvo el apoyo de Universidad UNIACC, quienes proporcionaron algunos de los equipos que usamos durante el rodaje.

¿Y los cuáles son los principales retos que tuviste que superar para que el proyecto se hiciese realidad?

El principal reto fue el de hacer que una película hecha en tiempo record y sin dinero, pareciera una película que había costado millones. Hubo un trabajo arduo para encontrar la estética y el lenguaje cinematográfico con el cual queríamos contar esta historia, y en términos generales se logró de una forma que no hubiera imaginado mientras escribíamos el guion. Al final, las limitaciones que tuvimos fueron las que nos permitieron crear un lenguaje expresivo original desde lo cinematográfico y que además narra de forma satisfactoria lo que está en el papel.

   

Háblanos de las fórmulas de financiación de la película.

“El Último Lonco” es mi primer largometraje y el primer largometraje de SalmónCINE, y por lo mismo, era muy difícil conseguir el financiamiento de algún fondo, ni mucho menos el apoyo monetario de alguna universidad. Es por esto que optamos por la vía del crowdfunding y el apoyo de privados que creyeron en la historia que queríamos contar. Reducir el tiempo de rodaje a menos de 3 semanas fue algo que también fue vital para poder cubrir toda la producción que significó el rodaje.

Preséntanos a los actores.

La película está protagonizada por Vladimir Huaiquiñir (Ramón), un tremendo actor, a quien espero que la película le sirva como ventana para mostrar su talento, ya que en mi opinión, él es uno de los mejores actores que tenemos en Chile. Junto con él están Rafael de la Reguera (David), quien fue parte importante de “El Reemplazante”, y con quien fue un honor trabajar; Paulina Moreno (Paulina), quien hace poco acaba de terminar de grabar su primer protagónico en la película “7 semanas”, y que además fue parte importantísima detrás de cámara en “El Último Lonco”, ya que trabajamos juntos en lo que fue la dirección actoral y el desarrollo de los personajes durante la película; Felipe Pino (Piñata) debutará en pantalla grande con esta película, y fue un gran descubrimiento para nosotros, ya que sus actuaciones son de los puntos altos que tiene la historia. Además tuvimos la fortuna de contar en el elenco con otros grandes y experimentados actores como Samuel González (José), Gregory Cohen (Don Segundo) y Lía Maldonado (Guacolda). También cabe destacar la participación de los luchadores de Chile Lucha Libre encarnándose a sí mismos y que le dan una cuota importante de realismo a la película.

Seguro que durante el rodaje hubo muchas anécdotas. Cuéntanos algunas.

Hubo cosas positivas y negativas durante el rodaje. Algo que marcó mucho la película fue el casting de Ramón. En un principio el protagonista iba a ser el actor Felipe Ríos, quien estuvo en ensayos y en entrenamientos junto con luchadores. Sin embargo, por razones que desconozco, dos días antes de comenzar el rodaje decidió dar un paso al costado y abandonar el proyecto. Fue así como llegamos a contactarnos con Vladimir, lo cual terminó siendo algo tremendamente positivo para la película, ya que tenerlo en cámara actuando como Ramón y El Último Lonco fue algo tremendamente gratificante para nosotros, y pienso que nadie pudo hacerlo mejor que él.

Lo más entretenido durante el rodaje fue trabajar directamente con luchadores reales, quienes nos hacían observaciones respecto a la historia, entrenaron a los protagonistas para que aprendieran a luchar, construyeron las coreografías para la escenas de acción y además participaron actuando.

¿Cómo se llevó a cabo la postproducción? ¿Cuál fue la pieza clave de esa fase?

Esta fue la primera vez que trabajamos a una escala tan grande como lo es hacer un largometraje, y también la primera vez que trabajamos con archivos RAW, lo cual significó aprender un flujo de trabajo nuevo para nosotros, que estábamos acostumbrados a realizar piezas cortas. Yo pienso que la clave fue desenamorarse de escenas que en el guion pensábamos que funcionarían, pero que luego de verlas en el editor uno se da cuenta que no están aportando a la historia o a la construcción de los personajes. Si bien habían escenas que nos encantaban, debíamos priorizar la narración por sobre todas las demás cosas, y es por eso que tuvimos que sacar mucha información en el corte final, con tal de contar un relato entretenido y que se entienda.

   

Háblanos de la banda sonora.

La música original de “El Último Lonco” fue compuesta por Andrés Valdebenito, con quien ya había trabajado anteriormente en dos cortometrajes (Alas de Papel y Zapatos de Barro). En el caso de “El Último Lonco” la música se basó en la representación instrumental de una temática que en la narración está latente, y es la de la sociedad occidentalizada contra la tradicionalidad mapuche, lo cual se busca representar en lo que pasa internamente con Ramón y su personaje El Último Lonco. Es así como, a medida que Ramón comienza a liberarse internamente, la música mapuche comienza a aparecer cada vez por sobre la instrumentalidad occidental –cuerdas y piano-, generando un enfrentamiento entre las melodías y sonidos de distinto origen.

Además de la música compuesta por Andrés, al interior de la película también nos encontramos con música de bandas como 2X, Elefante y los Ciegos, Tumba del Poeta y de Camila Moreno.

Ahora que ya puedes ver la película terminada, ¿qué es lo que, personalmente como espectador, más te gusta?

Estoy muy conforme con los momentos de liberación que existen para el personaje a medida que avanza la trama. Siento que de alguna forma se formó un equipo de autores, entre la dirección de fotografía, el arte, la música y el montaje, que logran dar justo en la emoción perfecta que queríamos entregar en esas escenas.

¿Y de qué te sientes más satisfecho como director?

La película tiene un tono especial, hay momentos de mucha intensidad dramática, pero también otros donde hay buenos alivios cómicos. El lenguaje cinematográfico que encontramos para contar la película, el cual fue basado en las limitaciones que teníamos, calza de forma precisa en la historia que estamos contando.

¿Qué le dirías a un espectador para recomendarle que fuese a ver la película?

“El Último Lonco” es una película entretenida, que tiene momentos en los que uno está al borde del asiento expectante para saber qué es lo que pasará con Ramón. Pienso que es un cliché decir que es una película “como ninguna otra”, pero me cuesta compararla con alguna película que haya visto, ya que cuenta una historia nueva de una forma en la que no estamos muy acostumbrados en Chile.

Háblanos de su distribución.

Luego del estreno en SANFIC esperamos poder estrenar en otras ciudades y también afuera. Una vez que termine el recorrido en festivales tenemos la intención de estrenar públicamente en el circuito independiente, pero también se nos ha pasado por la cabeza auto-piratearla para que la gente tenga acceso a verla. Después de todo, para eso uno hace películas.

Qué supone para el equipo la selección en SANFIC?

Es un objetivo cumplido. La película la grabamos en su totalidad en Santiago, y por lo mismo era muy importante para nosotros poder estar en SANFIC para que toda la gente tenga acceso a verla.

¿Sientes que merece la pena el enorme esfuerzo que supone hacer cine?

Eso depende de la persona. Si no te apasiona estar encerrado escribiendo ideas en un pizarrón día a día para que de pronto todo cobre sentido en un guion, o ese silencio que se genera en el set justo antes de decir acción, o ver el material grabado en una pantalla e ir pegándolo con otros planos, o sentir como la música hace que una escena pase de significar una cosa a significar mil. Si nada de eso genera algo en uno, entonces no vale la pena. Pero si uno siente cosas en la guata con ese tipo de cosas, entonces lo vale. Al final el resultado puede no ser el deseado, pero lo rico del cine son los procesos, si uno los disfruta, entonces el resultado de la próxima película será mejor.

¿Qué opinas del panorama actual del cine independiente?

Creo que estamos viviendo en la mejor timeline posible respecto a la creación de cine. Hay muchas personas haciendo cine y de muy buena calidad, el problema es que no estamos poniendo énfasis en lo más importante: que estas películas sean vistas. Es necesario que el estado tome un rol más presente en el apoyo al cine chileno con políticas que no solo permitan la generación de cine, sino que faciliten la exhibición. Para esto no es suficiente darle más salas o semanas al cine, sino que tiene que existir una formación de audiencias sólida que genere espectadores de cine chileno, europeo o latino-americano. En Chile hay una cantidad gigante de personas que van al cine, sin embargo, es muy poca la que va a ver cine chileno, y eso es por la desinformación que existe. El canal estatal transmite cine chileno los sábados a media noche en un horario terrible, en las escuelas no existen instancias para que los jóvenes conozcan cine chileno, y los profesores tampoco están preparados para instruir a los estudiantes en esta área. Por supuesto, los realizadores también tienen que ser críticos con su trabajo. Hoy en día se hacen muy buenas películas en Chile, muchas de ellas son muy premiadas y llegan a estrenarse comercialmente, sin embargo, esa es la minoría de las películas. Hay cineastas que quieren ser Bergman a los 25 años, y debemos conocer nuestras limitaciones en ese sentido. Por otro lado, hay cineastas que están haciendo un cine para las masas, pero que no entienden que también se puede hacer cine para entretener con calidad.

¿Cuáles son tus próximos proyectos?

En enero comenzaremos con el rodaje de mi segundo largometraje, titulado “La isla de los pingüinos”. Es una historia ambiciosa que retrata lo que fue la revolución pingüina del año 2006 a través de un drama adolescente al interior de una toma. Ya estamos comenzando el proceso de casting para la película, y la idea es estrenar a mediados del próximo año en festivales, coincidiendo con el cumplimiento de 10 años desde que ocurrió esto.