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Anna Farré Añó: Con la boca cerrada


 

Anna Farré Añó (Barcelona, 1991) Se gradúa en la especialidad de dirección de la ESCAC (Escuela Superior de Cine y Audiovisuales de Catalunya) en el año 2014 con el cortometraje ‘Con la Boca Cerrada’. Un proyecto que nos habla sobre la incomunicación familiar y la adolescencia, protagonizado por Greta Fernández y Eduard Fernández.

   

¿Cómo nace “Con la boca cerrada”?

Con la Boca Cerrada nace como proyecto final de grado de la Escola Superior de Cinema i Audiovisuals de Catalunya (E.S.C.A.C). Se alimenta de las ganas de contar los estragos de la falta de comunicación familiar.

Cuéntanos la sinopsis

Emma es una adolescente de 15 años que tiene problemas con su carácter. Pero hoy ha terminado pasándose de la raya y, una vez más, acaba en el despacho del director. Pero esta vez no está sola. También están sus padres.

Y ahora que conocemos la sinopsis, ¿sobre qué trata?

Esta historia gira entorno a la adolescencia y la vida familiar. De cómo, en una familia, todos somos individuos con nuestro propio background, nuestras propias angustias y, a veces, nuestra falta de empatía. En definitiva, este corto trata de la imposibilidad de comunicarse entre los integrantes de una familia porque cada uno está absorto en su universo personal.

Personalmente, ¿qué fue lo que te llevó a dirigir una historia como ésta?

La sensación de aislamiento que se sufre cuando no se es capaz de establecer una buena comunicación emocional con lo que le rodea.

¿Cuáles consideras que son las influencias más importantes en las que te inspiras a la hora de desarrollar el guión?

A decir verdad, parto de emociones reales que haya podido experimentar en algún momento. De la necesidad de hacer que otro las comprenda y comparta.

¿Cuáles fueron los principales apoyos a la hora de producirla?

Si hablamos de apoyo moral la cosa no es fácil. Como director/guionista estás un poco solo con lo que haces cuando se trata de algo personal. Por suerte, conté con el apoyo de mi tutor de proyecto final -Jaume Cuspinera- y del apoyo del director de fotografía -Alex Bravo- que estuvieron muy presentes en la fase de engendración del corto.

   

¿Y los cuáles son los principales retos que tuviste que superar para que el proyecto se hiciese realidad?

El reto número uno es el miedo a la hoja en blanco. Cuando tienes 21 años y tienes que escribir un cortometraje para graduarte es muy fácil bloquearse. Pensar que no tienes nada que aportar al mundo, querer hacer lo mejor que vayas a hacer en tu vida…Terminas perdiendo de vista que no vas a morir si algo sale mal. Aflora una especie de voz interna maléfica que amenaza con boicotear cada palabra que escribes en el guión. Y, puesto que no todo el mundo puede dirigir un proyecto final de carrera - se conceden 10 y se presentan unos 30 - esa voz interna boicoteadora va tomando presencia.

Háblanos de las fórmulas de financiación de la película.

La mayoría del apoyo económico viene dado por la propia escuela. La mitad del total se emplea para la producción y la otra mitad para la postproducción. Esta financiación no incluye ciertos aspectos que se necesitan para el desarrollo del rodaje. Por lo tanto, lo que se suele hacer es servirse del micromecenazgo y de los pocos ahorros que hayas podido guardar a lo largo de la carrera. Cada jefe de equipo contribuye con lo que puede.

Preséntanos a los actores.

Tenemos a Eduard Fernández (Juan Vila), quién creo que no necesita presentación. 9 nominaciones a los Goya, 2 veces premiado, entre otros muchos premios. También contamos con la presencia de Greta Fernández (Emma Vila), su hija en la vida real. Amalia Sancho (Mariona Jofré), una espléndida actriz que podemos encontrar en películas como Tres Días con la Familia. Eduard Buch (Eric, el psicólogo) que participa en una famosa serie catalana ‘La riera’, por ejemplo. Y, finalmente, Manel Dueso (Director), quién, por cierto, fue uno de mis profesores de dirección de actores en tercero de carrera.

Seguro que durante el rodaje hubo muchas anécdotas. Cuéntanos algunas.

Desgraciadamente creo que las mejores anécdotas no se pueden contar. Tendremos que quedarnos con la categoría de anécdotas ‘light’. Por ejemplo, tenemos una buena anécdota con los chicos de sonido, que eran 4 personas porque la sala dónde rodábamos tenía unos motores funcionando justo en la pared trasera y necesitábamos gente dispuesta a sujetar una moqueta para evitar la filtración de sonido.

El recinto dónde rodábamos (el SCIC) estaba dentro del Jardín Botánico de Barcelona y, para salir de él a pie, había que dar bastante vuelta. Lo más fácil era recorrer el Jardín Botánico montaña abajo y salir por allí para llegar a la civilización.

La mayoría del equipo volvía en coche, pero los 4 chicos de sonido tenían espíritu aventurero y, un día, tomaron el atajo.

Son las 9 de la noche y recibo una llamada de la productora, Laura, que me dice que unas cámaras de seguridad del recinto han registrado 4 individuos saltando una gran valla para abandonar el recinto. Aquí fue cuando pensé que nos habían entrado a robar el material de rodaje -No sería la primera vez que me ocurría, pero eso pertenece a otra anécdota.

Resulta que nuestros aventureros chicos de sonido se encontraron con la salida cerrada. El camino de vuelta era demasiado fatigoso y decidieron hacer uso de su instinto escalador. Esto casi nos cuesta seguir rodando en el lugar y aún nos quedaban 4 días de rodaje. Cuando se lo contamos, los pobres, ajenos a todo, no se imaginaban que algo así pudiera tener tales consecuencias. Afortunadamente una disculpa bastó y el resto del rodaje transcurrió sin problemas de este tipo -porque, como ya he dicho, el resto de anécdotas se cuentan entre tú y yo y con cerveza en mano.

   

¿Qué tal ha funcionado el equipo técnico? ¿Podrías presentarnos a sus integrantes?

En un rodaje pasan muchas cosas. Hay muchos departamentos, mucha logística y, en este caso, éramos gente ante nuestro primer proyecto relativamente grande. Aún así, se puede decir que, al final, el corto logró ver la luz y por lo tanto el balance es positivo.

Nuestros jefes de equipo fueron:

La productora, Laura Labastida. El director de fotografía -y gran amigo de una servidora- Alex Bravo. La directora de arte, Gemma Cortada -que hizo un gran trabajo con la ambientación completa del despacho del director-, el director de sonido -Alessandro Malfatti, la vestuarista Cassandra Viegas, Christian Martínez a cargo de la peluquería y el maquillaje, Jorge Trueba y Dani Garcia con los Efectos Especiales, los montadores Felipe Bravo y Gerard Vila y, finalmente, Joan Vilà como compositor de la banda sonora.

¿Cómo se llevó a cabo la postproducción? ¿Cuál fue la pieza clave de esa fase?

Ay, la postproducción. Se suele pensar que un proyecto termina cuando lo hace el rodaje. ¡Error!

La postproducción es una etapa importantísima y agotadora. La pieza clave, en nuestro caso, fue el montaje. Cuando empezamos a montar nos dimos cuenta de que había mucha información para procesar. El cortometraje tenía una trama que terminamos cortando sin piedad y que hizo que el montaje fuera un reto para todos, puesto que prácticamente toda la acción transcurre en una misma localización. Gerard (uno de los montadores) y yo nos rompimos la cabeza para hacer que todo cuadrara cuando dejamos la trama principal al desnudo, sin tramas para reforzar y sin las florituras que yo, como directora, había rodado.

Háblanos de la banda sonora.

Crear la banda sonora fue un proceso muy agradecido. Joan y yo trabajábamos mano a mano en construir algo que emocionalmente nos funcionara sin irnos a al extremo dramático. Siempre se me podía escuchar diciendo ‘Más mínimal, por favor’ o ‘Aquí nos estamos pasando’. Ni Joan ni yo queríamos romper la intimidad del corto con una música demasiado presente. Mi plano favorito del corto está compuesto por la suma de un error de foco y la entrada de la música en un momento clave.

Ahora que ya puedes ver la película terminada, ¿qué es lo que, personalmente como espectadora, más te gusta?

El momento de las reacciones a la redacción de Emma. Cuando, por fin, alguien dice algo en pro de la comunicación emocional y descubrimos qué es lo que siente nuestra protagonista.

¿Y de qué te sientes más satisfecha como directora?

Probablemente de contar algo sincero, sin mucha pretensión. En este corto no hay planazos tras los que esconderse. Creo que, en este caso, el contenido se llena desde la verdad y la humildad.

¿Qué le dirías a un espectador para recomendarle que fuese a ver la película?

Si eres adolescente y te sientes aislado, ves a ver la película. Si fuiste adolescente y te sentiste aislado, ves a ver la película. Si eres padre y te sientes distanciado de tus hijos, ves a ver la película. Qué pretencioso ¿No? En realidad le diría ‘Ves a verla y si te gusta me lo cuentas y si no, intentaré devolverte los 10 minutos invertidos en la siguiente pieza que haga’.

   

Háblanos de su distribución.

Con la distribución tienes dos opciones:

a) Mover el corto tú mismo. (A.K.A Destinar unas cuantas horas semanales a inscribir en corto en los mil millones de festivales que existen y hacer tu propia estrategia de festivales).

b) Contratar a alguien para que lo haga por ti. (Esta opción cuesta dinero, así que más vale cruzar los dedos para ganar algún premio y reinvertir este dinero en créditos de distribución.)

En mi caso escogí la segunda opción y no me arrepiento de ello. Mi corto se distribuye a través de Line Up Shorts. Una distribuidora manejada por Alfonso Díaz, quien se encarga de conocer muy bien todos esos festivales a los que tu corto debería presentarse y de gestionar todos los procesos para hacer que el corto se haga visible. La ESCAC también se dedica a mandar el corto a ciertos festivales. Además, también cuento con el apoyo de Catalan Films y CortoEspaña que escogieron ‘Con la Boca Cerrada’ para formar parte de su catálogo de distribución propio. La verdad es que no me puedo quejar.

¿Qué supone para el equipo la selección en el Festival de Cine de Fuengirola?

Una gran alegría. Que el corto llegue a verse en festivales como éste siempre es de agradecer. Sobretodo por la clase de participantes -tanto competidores como espectadores- que asisten.

¿Sientes que merece la pena el enorme esfuerzo que supone hacer cine?

Por supuesto. Si no fuera así, me estaría dedicando a otra cosa.

Eso sí, tendríamos que definir lo que significa ‘hacer cine’. Si hacer cine supone invertir todos tus recursos personales con la intención de que tu obra forme parte de una pseudo-industria y que lo que termines haciendo no obtenga la posibilidad de ser visto, pues entonces, me lo pensaría.

Sin embargo, se suele decir que, aunque un embarazo haya sido infernal, al final, y aunque te salga un poco feo o un poco estúpido, uno siempre acaba cogiéndole cariño a su hijo… ¿o no?

¿Qué opinas del panorama actual del cine independiente en España?

Si tengo que ser sincera, aún no he pasado por la experiencia de intentar levantar un largometraje. Conozco gente que sí que lo ha hecho. A algunos les ha salido bien la jugada. A otros no tanto.

Si tengo que dar mi humilde opinión sobre el tema, a día de hoy diría que hemos escogido un arte generalmente concebido para tener una estrecha relación con grandes sumas de dinero. Al menos, si quieres que alguien lo vea. ¿Y qué es el arte sin un espectador?

Es una lástima que la ‘industria’ del cine - al menos en España- forme parte de una especie de oligarquía. Y ya no hablo a nivel presupuestario, si no a nivel de visibilidad. Creo que muchas voces que quieren hablar se ven silenciadas porque alguien decidió ‘que eso no iba a dar dinero’ y creo que arte y dinero son dos palabras que no deberían de ser un binomio.

Lo único que puedo decir al respecto es: Felicidades a todos los cineastas independientes que han conseguido, contra todo pronóstico, que sus películas lleguen a más espectadores de los que esperaban. Y espero aprender de ellos cuando sea mi momento para dar el salto al largo.