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Peter McPhee: El final del día


 

Este documental nos sitúa en un oasis en medio del desierto de Atacama, en el 21 de diciembre de 2012, cuando la gente del pueblo de Quillagua esperaba el supuesto "fin del mundo" que los mayas predijeron para ese día. En esta localidad, sin agua y con su río totalmente contaminado debido a la acción de empresas mineras, la tierra no se puede trabajar, los jóvenes emigran y sólo van quedando los ancianos. Así, para esta comunidad con una relación ancestral y cultural con la tierra, este escenario se presenta como su verdadero fin de mundo.

¿Cómo nace "El final del día"?

Desde que era estudiante de cine, me interesé en buscar maneras de hablar de grandes temáticas sociales desde una perspectiva humana y emotiva. Con un grupo de amigos y compañeros de la universidad fundamos La Elefanta Producciones, donde pusimos ese foco en nuestros cortometrajes de ficción y documental. Ahora sentí la necesidad de dar un giro a la manera de abordar lo social, y ahí nació el concepto detrás de El final del día. Cuando primero vi el frenesí mediático por el supuesto "fin del mundo" que predecían los mayas para el 21 de diciembre de 2012, y luego conocí el verdadero fin del mundo que vivía el pueblo de Quillagua por la falta de agua que sufre, me di cuenta que haciendo un cruce entre estos dos hechos nos permitiría hacer una reflexión en torno a lo que realmente significa que se acabe el mundo. Todos saben que en diciembre de 2012 el mundo no se acabo, pero si se sigue acabando para la gente de Quillagua. Ese fue el concepto detrás de la película, la brújula que orientaría todas las demás decisiones narrativas y artísticas.

Cuéntanos la sinopsis

El final del día es una película documental transcurre durante el 21 de diciembre de 2012, la gente del pueblo de Quillagua espera el supuesto "fin del mundo" que los Mayas predijeron. Quillagua es un oasis situado en medio del el desierto de Atacama, que debido a la acción de empresas mineras, tiene su río totalmente contaminado. La tierra no se puede trabajar, los jóvenes emigran y sólo van quedando los ancianos. Para esta comunidad indígena, con una relación ancestral con la tierra, esta realidad se presenta como su verdadero fin de mundo, y es en el día del “apocalipsis Maya”, en que su gente reflexionará sobre el necesidad del cuidado de la madre tierra.

Personalmente, ¿qué fue lo que te llevó a dirigir una historia como ésta?

Dos elementos muy potentes se me cruzaron, que hicieron que fuera imposible el no hacer esta película. Primero, la necesidad de retratar los temas sociales que se desprenden de lo que vive Quillagua. Segundo, la fascinación que me produjo el fenómeno mediático y la paranoia del supuesto “fin del mundo”. El primero viene de mi formación como cineasta, hay una responsabilidad moral y ética en la que creo firmemente como documentalista; el segundo viene de mucho más atrás. Sin ir más lejos, el primer video que hice, cuando tenía 12 años, era una película que hice con compañeros de colegio, que partía del supuesto que el mundo se iba a acabar. Al parecer es un tema que ha dado vueltas en mi cabeza por mucho tiempo.

El desafío de cruzar estos dos elementos era lo que yo sentía que le daba originalidad a la película, ya que el espectador de hoy ha visto antes documentales sobre pueblos rurales y los dramas que muchas veces tienen que vivir. Y aunque son historias potentes y necesarias de comprender, con la inmediatez y el constante bombardeo de los medios de comunicación de hoy, estamos anestesiados de imágenes y ya nada nos sorprende. Trabajando desde este concepto, fin del mundo v/s fin del pueblo, yo tenia la oportunidad con El final del día de re-presentar una temática social y contingente, de una manera que atrajera y emocionara al publico, y que al mismo tiempo me atrajera a mí como realizador. Después de todo, hacer una película es un acto de amor absoluto, hay una entrega total hacia lo que se está haciendo. Y si no estás enamorado, vas a abandonarla.

   

¿Y cuáles son los principales retos que tuviste que superar para que el proyecto se hiciese realidad?

El principal reto fue el financiamiento. Esa fue la mayor pelea durante los dos años y medios que duró el total de la producción de la película. Orson Wells decía que en la producción de una película, 99 de cada 100 cosas no tenían nada que ver con hacer cine. 90 de esas 99 seguro tienen que ver conseguir dinero. Y no es que uno sea ambicioso y quiera alojarse en el Ritz y tener una silla de director con su nombre, pasa que todo lo técnico que involucra hacer cine es tiene un altísimo costo.

No es sorpresa para nadie que el financiamiento sea el mayor desafío del cine nacional, al menos para las producciones independientes como la nuestra. Ingenuamente pensé que una vez que tuviéramos el montaje de la película, y pudieran ver de lo que éramos capaces, los señores jurados de fondos verían lo que teníamos y querrían apostar por esta película, especialmente porque ya habíamos filmado la película entera con nuestros recursos y sólo pedíamos un último financiamiento para pagar los procesos de postproducción. Fuimos ingenuos, y más de una vez.

Por su temática relacionada al agua y a las mineras, claramente los canales de televisión no querrían comprar El final del día, y tampoco era una película en la que se interesaría el cine Hoyts. Tenía en mis manos una película que nadie quería financiar y que nadie quería ver. Pero esto, al mismo tiempo, nos dio una total libertad para hacer lo que quisiéramos, y creo que supimos aprovecharlo para lograr una potente obra de la que estamos muy orgullosos. Hoy tengo un poco más de fe que la gente querrá verla y la disfrutará.

Una película que comenzó siendo pequeña y guerrilla, fue creciendo en el camino hasta lo que es hoy, el primer largometraje documental de La Elefanta Producciones, y que aunque tuvimos que terminarla prácticamente de la misma manera guerrilla en que la comenzamos, es un tremendo esfuerzo colaborativo de dos años y medio que tendrá su premiere mundial en Sanfic.

Háblanos de las fórmulas de financiación de la película.

Dado que la idea de la película nació de improvisto y tan encima de la fecha emblemática que era el 21 de diciembre de 2012, autofinanciamos entre algunos amigos el rodaje de la película, y amigos y colegas nos prestaron equipamiento técnico. Nadie cobró un peso por el rodaje, cine 100% guerrilla, con el dinero justo para estar dos semanas y regresar. También tuvimos apoyo de equipamiento con la empresa constructora antofagastina, Urbano.

Luego, en medio de una postproducción que parecía que no tendría fin, porque no había financiamiento, amigos y colegas creyeron en el potencial de la película y colaboraron para poder terminarla. Un músico muy talentoso, Jorge Puig, se sumó como productor asociado; hicimos una co-produccion con la postproductora de sonido, Sonamos, y nuestro amigo, director de fotografía y co-fundador de La Elefanta, Christiaan Muñoz S., realizó la postproduccion de imagen. Finalmente, El final del día, es una película colaborativa de principio a fin, y como siempre les dije a las distintas personas que se fueron sumando en el camino, no es solamente una película de un director, hay un equipo detrás de este esfuerzo. Espero, de todas formas, que la próxima vez no sea así. No es la idea que la gente trabaje gratis o por poco. Hay que tirar el cine chileno para arriba.

   

Seguro que durante el rodaje hubo muchas anécdotas. Cuéntanos algunas.

El pueblo de Quillagua no solo porque está ubicado en un oasis dentro del desierto, sino que es un lugar muy especial porque se considera el punto más seco de la tierra. Ha ido la televisión española, la japonesa. También se hizo otro documental hace no mucho tiempo. La gente de ahí ya estaba acostumbrada a que fueran con cámaras y les preguntaran cosas, pero esto que puede sonar como una ventaja para un documentalista, se convirtió en un gran problema. Resulta que el año 2014 regresamos a Quillagua durante dos días para grabar algunos insertos del pueblo que nos hacían falta, material más que nada del contexto geográfico. Pero esa vez, a diferencia del rodaje de 2012, tuvimos cierto rechazo de algunas personas del pueblo. Resulta que se habían enojado con algunos aspectos de otro registro que se había echo recientemente en Quillagua y no querían saber nada más de cámaras en el lugar. De los tres días, pasamos un día y medio explicándoles bien de qué se trataba nuestra película, y se fascinaban con el paralelismo entre el pueblo y el fin del mundo. También nos paseamos por las casas con un portátil mostrando escenas de lo que habíamos editado. Y esto finalmente sirvió muchísimo, porque no solo nos dejaron grabar, sino que se hicieron también parte activa de la película, entregándonos propuestas concretas para mejorar la narrativa. ¿Y quién mejor que la gente de Quillagua para hablar de su propio pueblo?

¿Cómo se llevó a cabo la postproducción? ¿Cuál fue la pieza clave de esa fase?

Con el montajista y coproductor, Gustavo Silva, trabajamos hasta llegar a un primer armado de la película. En ese momento postulamos, fuimos seleccionados y nos adjudicamos el premio "primer corte" de Fidocs 2013, lo que nos aseguro un DCP (la copia de exhibicion para cine). También fuimos seleccionados en las consultorías de montaje DocuLab, del festival de cine de Guadalajara, y IDFA Summer School, del festival de cine documental de Ámsterdam. Todo esto enriqueció muy fuertemente la narrativa de nuestra película. El montaje fue un entretenido pero largo proceso que se desarrolló por cerca de un año y medio, hasta que logramos llegar a la película que buscábamos desde un principio.

Luego trabajamos la música, la postproducción de sonido e imagen. Este proceso fue lejos el más entretenido de la realización. Christiaan Muñoz trabajaba duramente en el color, dando un énfasis dramático a la imagen, mientras con Jorge Puig discutíamos del tono y la emoción que debería generar la música, y mientras Roberto Espinoza y su equipo de Sonamos llegaban con propuestas para el diseño sonoro, que potenciaron muchísimo la sensación que genera la película. La combinación de la imagen que se logró en postproducción, con el trabajo sonoro total de Jorge y Roberto, otorga una atmósfera, una experiencia sensorial a El final del día, y creo que finalmente es uno de sus grandes aciertos.

   

¿Y de qué te sientes más satisfecho como director?

Que hayamos podido terminar la película. No quería nada más que eso. Lo que venga ahora es bienvenido, pero necesitaba terminarla.

¿Qué le dirías a un espectador para recomendarle que fuese a ver la película?

No solo le diría que vaya a ver nuestra película, le diría que vaya a ver documentales chilenos. Hay obras innovadoras, de nivel internacional, que no tienen la suficiente y merecida posibildad de llegar al público masivo chileno. Le diría al espectador que va a ganar más viendo un documental chileno nuevo, que el último reality de algún canal de televisión chilena. Le diría que no solamente se va a informar, que un documental no es solo una pieza educativa, sino que se va a entretener, se va a emocionar, va a reflexionar. Y por eso también tiene que ver El final del día.